Entender la renta variable

Ofrecemos una introducción a la renta variable. Los títulos de renta variable representan participaciones en la propiedad de una empresa. Con el tiempo, suelen ofrecer una de las mayores rentabilidades en comparación con las de otras clases de activos.

El papel que desempeña la renta variable en una cartera

La renta variable ofrece una de las mejores rentabilidades a largo plazo

El papel de la renta variable

¿Qué papel desempeña la renta variable en una cartera?

 

Los valores de renta variable son instrumentos financieros que representan participaciones en la propiedad de una empresa. La rentabilidad de la renta variable se genera por la revalorización del capital (una combinación del crecimiento de los beneficios y los cambios de valoración), así como por los ingresos o las rentabilidades por dividendo.

La renta variable es una parte fundamental de una cartera diversificada, pues ofrece las mayores rentabilidades, aunque con mayores niveles de riesgo.

La renta variable es sistemáticamente más rentable que otras clases de activos a largo plazo. Sin embargo, esta rentabilidad superior viene acompañada de una mayor volatilidad derivada de los cambios en el entorno económico.

Al construir una cartera, se pueden combinar varias clases de activos para lograr mejores rentabilidades ajustadas al riesgo. Los inversores con mayor tolerancia al riesgo optarán por una mayor proporción de renta variable. Al igual que el incremento de los beneficios, la rentabilidad de la renta variable se debe a los cambios de valoración. Esto suele describirse en los múltiplos de precio-beneficio, calculados en función de una serie de factores, como los tipos de interés, la inflación y la demanda general de renta variable.

Por regla general, los cambios en la valoración quedan contrarrestados durante largos periodos y las rentabilidades reflejan en gran medida el crecimiento del PIB mundial. En lo que respecta al impacto del ciclo económico en la rentabilidad de la renta variable, hay una distinción clave entre las acciones de las empresas «cíclicas», cuyos beneficios suben y bajan de manera considerable a lo largo de un ciclo económico, y las empresas «defensivas», que presentan beneficios más estables a lo largo del tiempo.

Cómo invertir

¿Cómo invertir en renta variable?

 

Los inversores tienen principalmente tres opciones. La primera es recurrir a un vehículo pasivo, como un fondo cotizado de renta variable o ETF (por sus siglas en inglés), cuyo objetivo es replicar las rentabilidades de un índice de renta variable. Las normas de este determinan el tipo y el volumen de los valores que se adquieren, así como el momento en el que se venden. Los ETF son una buena opción para obtener una diversificación saludable, aunque no están disponibles para todos los índices.

La segunda forma de invertir en renta variable es por medio de fondos de gestión activa, es decir, vehículos de inversión de capital variable o fijo que posean una serie de valores seleccionados por un gestor de fondos. La ventaja de estos es que los gestores pueden batir al índice de referencia seleccionando las empresas en las que invierten, aunque también pueden tomar decisiones poco acertadas y quedarse rezagados con respecto al índice.

La tercera opción de inversión en renta variable son los valores individuales, lo cual consiste en comprar y vender directamente acciones de empresas cotizadas. Mediante este enfoque, los inversores disfrutan del derecho de voto y pueden operar con los valores a lo largo del día, aunque esto suele ir en detrimento de la diversificación.

Cómo valorar

¿Cómo valorar la renta variable?

 

Para resumir lo que sería una larga historia, el valor absoluto de un valor de renta variable es el valor actual de sus flujos de efectivo futuros. Uno de los principales parámetros estandarizados utilizados para comparar la renta variable es la ratio precio-beneficio (PER), es decir, el precio de la empresa por acción dividido entre los beneficios por acción. Se emplean principalmente tres enfoques para determinar la parte de los beneficios de la ecuación.

Las previsiones de beneficios comparan el precio con las previsiones del consenso. Este sesgo es razonablemente coherente a lo largo del tiempo, aunque las previsiones de los analistas pueden ignorar grandes cambios en las tendencias de beneficios de las empresas o sus sectores, lo que hace que sus acciones parezcan más baratas de lo que realmente son antes de una recesión o más caras de lo que realmente son antes de una ampliación de los beneficios.

El enfoque histórico de los beneficios compara el precio de la acción con una cifra real de beneficios históricos, eliminando de la ecuación las previsiones sesgadas de los analistas. La desventaja es que las medidas retrospectivas de los beneficios no tienen en cuenta los acontecimientos sucedidos desde que la empresa publicó por última vez sus resultados financieros.

El tercer enfoque, los beneficios consecutivos, utiliza una media de beneficios periódicos, como los próximos cuatro trimestres, lo que supone una comparación favorable a lo largo del tiempo. Otro concepto importante de valoración es la «sostenibilidad», por el que las credenciales medioambientales y sociales de una empresa pueden dar lugar a valoraciones más o menos elevadas.


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