Potrait of mark haefele

En esta edición del informe UBS House View, compartimos nuestras opiniones sobre las perspectivas del mercado a corto plazo, luego detallamos por qué creemos que las perspectivas a largo plazo han mejorado este año y analizamos cómo deben abordar los inversores a largo plazo la disyuntiva entre esperar e invertir.

¿Por qué invertir ahora?

Esperar antes de invertir conlleva riesgos

El largo plazo es más prometedor

Los responsables de los bancos centrales mantienen su retórica dura sobre la inflación, pero a los mercados ya no les preocupa tanto el aumento de precios: es el riesgo de un endurecimiento excesivo y de recesión lo que acapara hoy mayor atención. ¿Qué significa esto para los inversores en la actualidad?

 

A corto plazo, creemos que el perfil de riesgo-rentabilidad de los índices bursátiles generales será moderado. Las acciones actualmente descuentan un «aterrizaje suave»; aun así, el riesgo de una «contracción» más profunda de la actividad económica es elevado. En consecuencia, en términos tácticos preferimos ser selectivos — apostamos por las acciones de valor, los ingresos de calidad y el sector de salud — y abogamos por la opcionalidad.

 

Dentro de renta fija, hemos pasado los bonos de alta calificación, que posiblemente repunten en un escenario de «contracción», de neutrales a activos más recomendados. Entre las divisas, el franco suizo sigue en la categoría de activo más recomendado.

 

Ahora bien, ¿qué hay de los inversores con un horizonte a largo plazo?

 

Creemos que una combinación de valoraciones de acciones inferiores a la media, rendimientos superiores a la media y fondos de capital-riesgo invertidos con posterioridad a los máximos del mercado ofrecerá rentabilidades a largo plazo más altas para las carteras diversificadas. Tras una disminución de las valoraciones del 26% en los últimos 12 meses, el S&P 500 actualmente negocia en niveles congruentes con rentabilidades anualizadas en un rango saludable del 7%-9% en los próximos diez años.

 

Los rendimientos disponibles en los mercados de bonos han mejorado considerablemente este año. Y, entre los activos alternativos, los fondos de crecimiento creados después de las correcciones bursátiles históricamente han generado rentabilidades mejores que las de fondos de creación anterior. En este contexto, desde una perspectiva a largo plazo, muchos clientes parecen tener niveles de diversificación y de inversión insuficientes.

 

Con frecuencia, los inversores tratan de conciliar una visión optimista a largo plazo con una perspectiva a costes de oportunidad eventuales pueden ser mucho mayores. Y, mientras las perspectivas de las acciones a corto plazo podrían ser inciertas, creemos que las carteras diversificadas deberían de generar resultados más estables en los próximos meses, en vista de los posibles escenarios de mercado que enfrentamos.

 

Al comprar, o comprometerse a comprar, carteras diversificadas hoy, creemos que los inversores pueden tanto mitigar los riesgos a corto plazo como posicionarse para resultados a largo plazo, sin correr el riesgo de quedarse al margen, quizás indefinidamente.

 

En esta carta, compartimos nuestras opiniones sobre las perspectivas del mercado a corto plazo, luego detallamos por qué creemos que las perspectivas a largo plazo han mejorado este año y analizamos cómo deben abordar los inversores a largo plazo la disyuntiva entre esperar e invertir.

La incertidumbre a corto plazo persiste

Desde nuestra última carta, han ocurrido dos hechos importantes para las perspectivas del segundo semestre.

 

En primer lugar, los bancos centrales están reduciendo los temores de inflación a largo plazo. Si bien los últimos datos de inflación han sorprendido con cifras mayores a lo esperado, los mercados han descontado más aumentos de tasas al principio del ciclo de endurecimiento monetario de la Reserva Federal y esto parece estar reduciendo los temores de inflación a largo plazo.

 

En la encuesta a consumidores que realiza la Universidad de Michigan, las expectativas de inflación a largo plazo cayeron del 3,1% en junio al 2,8% anual, y las tasas de inflación implícita a 10 años en Estados Unidos han disminuido de un máximo del 3,1% en abril al 2,46%. El IPC subyacente también ha descendido por tercer mes consecutivo.

 

En segundo lugar, el temor a una recesión está en aumento, pues los indicadores de crecimiento siguieron cayendo. En Estados Unidos, el PIB del segundo trimestre se contrajo un 0,9% anualizado, la segunda caída trimestral consecutiva.

 

La medición preliminar del PMI compuesto del S&P Global cayó del 52,3 en junio a 47,5 en julio, lo que es indicativo de una contracción. En la zona euro, el PMI compuesto cayó de 52 en junio a 49,4 en julio, lo que también es indicativo de una contracción de la actividad económica.

 

En China, los boicots a los pagos hipotecarios en respuesta a la suspensión y demora de la construcción de viviendas y el resurgimiento de la COVID- 19 en varias ciudades han vuelto a poner sobre la mesa posibles dificultades para una recuperación económica en el segundo semestre.

 

Atentos a estos hechos, hemos reducido — del 20% al 10% — la probabilidad que asignamos a un escenario de «estanflación», en el cual los temores de inflación se descontrolan y provocan una caída de las acciones y los bonos. Pero también hemos elevado del 30% al 40% nuestra estimación del escenario de «contracción», en el cual los temores a una recesión más profunda provocan una caída de las acciones y un aumento de los precios de los bonos de alta calificación.

 

¿Dónde nos deja todo esto?

 

En nuestra opinión, hay una probabilidad del 50% de que los índices bursátiles generales desciendan considerablemente en lo que resta del año. El escenario de «reflación» podría ofrecer potencial alcista, pero para ello sería necesario que los mercados comenzaran a creer que las dificultades con el suministro de materias primas van a resolverse, los temores a la COVID-19 en China se disipan o la participación de la fuerza laboral en Estados Unidos aumenta significativamente.

 

Creemos que este es un escenario de baja probabilidad. Dicho esto, para los inversores tácticos, este sigue siendo un mercado en el que es conveniente diversificarse, tener posiciones defensivas y ser selectivo.


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