México destaca hoy por su estabilidad macroeconómica, pero el reto principal para el país es su bajo crecimiento desde el punto de vista comparativo.

¿Dónde estamos?

México sale hoy favorecido de la comparación con otros países del planeta

Un remanso de estabilidad

Auguste Comte, padre de la sociología, dijo una vez: «Todo es relativo y eso es el único principio absoluto». Lo mismo se aplica al mundo financiero, donde la percepción de muchos inversionistas sobre un país depende del contexto. En ese sentido, México sale hoy favorecido de la comparación con otros países del planeta.

 

Por ejemplo, los países europeos siguen muy expuestos a la guerra en Ucrania y a sus repercusiones para los mercados energéticos. China ha sufrido una fuerte desaceleración al mantener las medidas draconianas contra el coronavirus e intentar limitar el perjuicio para su mercado inmobiliario. Mientras, los países latinoamericanos han atravesado un periodo de gran incertidumbre política.

 

El historial de México de prudencia en la gestión macroeconómica, la solidez de sus finanzas exteriores, sus adecuadas reservas internacionales, otros colchones externos, como una línea de crédito flexible con el Fondo Monetario Internacional, la credibilidad de su banco central y la buena capitalización de su sistema bancario hacen que el país parezca un remanso de estabilidad en tiempos turbulentos.

 

Además, la contenida respuesta fiscal de México ante la pandemia hace que los parámetros de deuda del país salgan bien parados de la comparación con muchos de sus homólogos de mercados emergentes - por no hablar de la mayoría de las economías avanzadas - que prestaron más apoyo contra cíclico. Esta postura presupuestaria conservadora proporciona aislamiento frente a las subidas de tasas a nivel mundial.

 

México destaca por su estabilidad macroeconómica, pero el reto principal para el país es su bajo crecimiento desde el punto de vista comparativo. Pese a la profunda integración con EE. UU., donde el estímulo fiscal masivo dio pie a un sólido repunte económico, la recuperación de México quedó a la zaga de la de sus homólogos.

 

Teniendo en cuenta los factores positivos externos, los resultados económicos del país deberían haber sido mucho mejores, pero el apoyo fiscal limitado y la debilidad en la inversión privada lastraron la recuperación.

 

La inversión fija ha subido desde la crisis de la pandemia, pero sigue muy por debajo de los niveles de 2018. El gasto en maquinaria y equipo ha aumentado de forma considerable para atender a la fuerte demanda externa de exportaciones de productos manufacturados, pero las tendencias de construcción, que dependen de las perspectivas de crecimiento, siguen siendo decepcionantes. Esta circunstancia indica que la inversión en capacidad nueva no ha crecido mucho, y he ahí una de las razones que explican el crecimiento económico deslucido del país.

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