Invirtiendo en México

Estados Unidos y Canadá se sienten cada vez más incómodos con la política energética de México. Su invocación del mecanismo de solución de controversias del T-MEC supone la primera gran prueba de fuego para el tratado desde que entró en vigor hace dos años

Invirtiendo en México

Prevemos que la renta variable de México rendirá a la par con la del resto de mercados emergentes homólogos

Desacuerdos comerciales

Estados Unidos y Canadá se sienten cada vez más incómodos con la política energética de México y solo era cuestión de tiempo que el problema pasara al primer plano.

 

El 20 de julio, EE. UU. decidió apelar al mecanismo de solución de controversias del T-MEC, el tratado de libre comercio entre las tres naciones colindantes, y envió una solicitud de consultas al Gobierno mexicano. Pocas horas después, Canadá hizo público que se sumaba a la posición de EE.UU. y que enviaría una solicitud parecida.

 

Estados Unidos y Canadá alegan que las políticas energéticas de México contravienen varias disposiciones del T-MEC porque dan prioridad a la electricidad producida por empresas semipúblicas, con los consiguientes obstáculos para la entrada de empresas privadas al sector, y socavan el cumplimiento de los objetivos climáticos.

 

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, defiende que los cambios introducidos por su Gobierno en la política energética en estos últimos cuatro años no infringen el tratado, que México se reserva su derecho soberano a modificar su texto constitucional y la legislación nacional en materia de energía conforme al Capítulo 8 del T-MEC y que, por último, ese mismo capítulo establece que México podrá disponer de todos los hidrocarburos presentes en su territorio.

 

Aquí es donde el asunto se vuelve más técnico. Estados Unidos y Canadá argumentan que solo aceptaron reconocer esa parte del acuerdo sin perjuicio de sus propios derechos y de las soluciones jurídicas disponibles en el marco del T-MEC. El tratado dispone que México no podrá adoptar medidas para el sector energético que resulten más restrictivas que las concesiones paralelas otorgadas en otros acuerdos de comercio e inversión que hubiesen sido ratificados por el país antes del T-MEC.

 

Precisamente, México ratificó el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (TIPAT) unos años antes que el T-MEC. Ese tratado incluía la liberalización de los sectores de generación y comercialización de la electricidad. Por lo tanto, el argumento es que México debería garantizar a los inversores estadounidenses y canadienses el mismo nivel de acceso que el concedido a los miembros del TIPAT.

 

¿Y ahora qué?

 

De conformidad con el mecanismo de solución de controversias entre Estados del T-MEC, las partes tienen 75 días para encontrar una solución mutuamente satisfactoria, en este caso hasta el 3 de octubre. Si la cuestión no se resuelve con las consultas en ese plazo, las partes demandantes podrán solicitar la creación de una comisión especial de solución de diferencias.

 

En el mejor de los casos, las partes lograrían resolver la cuestión en la fase de consultas, pero en esta ocasión no nos parece muy probable, ya que entra en juego el componente ideológico en el debate de fondo, con puntos de vista diferenciados sobre lo que se negoció en el tratado.

 

Nuestro escenario base es que EE. UU. y Canadá pedirán que se convoque un panel de solución de controversias. Atendiendo a los hechos demostrados y las determinaciones correspondientes, el panel deberá emitir un dictamen sobre si México ha incumplido las obligaciones derivadas del TMEC, y dicho dictamen podría ver la luz en el segundo trimestre de 2023.

 

Sería la primera gran prueba de fuego para el T-MEC desde que entrara en vigor hace dos años. El debate girará en torno a si las empresas estadounidenses y canadienses se han visto perjudicadas por las políticas energéticas de México o si han recibido un trato justo y equitativo. En caso de que los miembros de la comisión especial estimen que las medidas de México son incompatibles con el T-MEC, y siempre que las partes no resuelvan la controversia en el plazo de 45 días, EE. UU. y Canadá podrían suspender ciertos beneficios del tratado para México.

Consecuencias

El proceso de solución de controversias podría dar pie a la imposición de aranceles a modo de represalia. Para México, las repercusiones irían más allá del sector energético y podrían afectar a una amplia variedad de productos mexicanos, entre ellos las exportaciones agrícolas y de automóviles. Asimismo, las políticas energéticas de México podrían contravenir otros tratados internacionales como el TIPAT, lo que conllevaría el riesgo de que otros países también presenten reclamaciones.

 

No obstante, en un sentido más amplio, creemos que el mayor costo potencial para México en caso de no resolverse la disputa provendría de las oportunidades de inversión perdidas. Hemos afirmado en artículos anteriores que las tensiones comerciales entre China y EE. UU., la pandemia de COVID-19 y la invasión de Ucrania por parte de Rusia podrían aumentar el atractivo de México como centro manufacturero («México: el aliado más cercano para externalizar»). El riesgo de que se produzca algún desabastecimiento energético en Europa ha supuesto un espaldarazo adicional para el acercamiento de la producción («nearshoring»).

 

El Banco Interamericano de Desarrollo calcula que la reubicación de las cadenas de suministro podría aumentar el valor de las exportaciones anuales mexicanas en 35,300 millones de USD. No obstante, la disputa comercial podría empañar la valoración que puedan hacer los inversores sobre México como destino para acercar la producción, y una cantidad insuficiente de inversiones en el sector energético podría entrañar problemas para la disponibilidad de la energía en los próximos años.

 

Las consultas y el posible dictamen del panel podrían servir para poner de manifiesto la importancia de la inversión e innovación del sector privado en el mercado energético. México se encuentra en una posición privilegiada para aumentar su peso económico en la región, ya que el sector manufacturero norteamericano se acerca cada vez más al consumidor. A nuestro juicio, si el país desea beneficiarse al cien por ciento de esta tendencia, tendrá que ser capaz de ofrecer una energía limpia, fiable y asequible.


Explore más