UBS house view

A pesar de los brotes de volatilidad, prevemos una tendencia general de depreciación moderada del peso de aquí en adelante.

Invirtiendo en México

Mantenemos una opinión optimista acerca de la deuda corporativa mexicana

Nuestras previsiones

En un entorno de incertidumbre y volatilidad, el secretario de Hacienda de México presentó al Congreso el Paquete Económico 2023 el pasado 8 de septiembre. Al igual que en ocasiones anteriores, las proyecciones macroeconómicas parecen pecar de optimistas. En particular, la Secretaría estima un crecimiento del PIB en 2023 del 3.0% (en el extremo superior del rango previsto de 1.2%–3.0%).

 

A nuestro juicio, esa previsión del PIB para 2023 difícilmente se materializará, ya que representaría una fuerte aceleración del crecimiento, a pesar de la reciente intensificación de los riesgos de ralentización mundial. No obstante, creemos que el riesgo de exagerar el crecimiento es mitigado por una estimación conservadora para el precio del crudo de 68.7 USD/barril en el caso de México, muy por debajo del precio actual de 76 USD/barril.

 

A pesar de la cifra optimista para el PIB, se prevé que los ingresos tributarios (sin IEPS a gasolinas), subirán un modesto 1.3% frente a lo previsto en 2022, dato que parece razonable y está en línea con el estimado del consenso de los analistas de 1.4% de crecimiento de PIB para 2023. Además, según la Secretaría de Hacienda, en la Tesorería se tienen 600,000 millones de MXN en efectivo. Estos recursos podrían servir de colchón ante cualquier desviación en los ingresos presupuestados.

 

A diferencia de las previsiones modestas para el crecimiento de los ingresos públicos, la Secretaría anticipa un incremento real del 11.6% en los gastos, en parte debido a inversiones en infraestructuras de proyectos emblemáticos como el Tren Maya y la refinería de Dos Bocas.

 

El incremento también se explica por la subida de las tasas de interés, que, a su vez, aumentará los costos de servicio de la deuda. El gasto en infraestructura alcanzará el 3.6% del PIB en 2023, pero las proyecciones apuntan a que caerá al 2.2% en 2024. Este incremento temporal sugiere que el Gobierno se esforzará por finalizar sus principales proyectos de infraestructura antes de las elecciones de 2024. El otro componente de gasto que crecerá de forma considerable son los subsidios, los cuales pasarán del 2.2% del PIB en 2022 al 2.5% de 2023, ya que el Gobierno sigue dando prioridad a programas sociales para los jóvenes y los adultos mayores.

 

Por lo que respecta a los objetivos presupuestarios, el Gobierno espera un déficit primario del 0.2% del PIB en 2023 frente al 0.1% de superávit previsto para este año. La administración actual se ha mostrado dispuesta a recortar el gasto discrecional en caso necesario para mantener la balanza primaria cerca del cero. Se espera que el coeficiente deuda/PIB previsto por el Gobierno se mantenga estable alrededor del 50%.

 

En términos generales, el presupuesto respalda nuestra opinión de que el Gobierno mantendrá la estabilidad de las finanzas públicas en los próximos años. Dicho esto, vemos riesgos para la dinámica fiscal a mediano plazo. La flexibilidad fiscal se ve constreñida por una serie de compromisos de gasto de carácter estructural. El gasto total en pensiones ascenderá a 1.7 billones de MXN (5.4% del PIB), es decir, al 20.4% del gasto público total en 2023, lo que, sumado a otros gastos ineludibles, limitará los recursos disponibles para gasto discrecional.

 

Los esfuerzos del Gobierno para luchar contra la evasión fiscal han tenido como resultado un incremento del 2% del PIB desde 2018, sin implementar ninguna reforma fiscal de gran calado. Sin embargo, México sigue teniendo uno de los coeficientes más bajos de recaudación tributaria como porcentaje del PIB de todos los países de la OCDE. Sigue pendiente llevar a cabo una reforma fiscal que refuerce los ingresos públicos y permita mantener el ritmo de gasto.

 

En resumen, el incremento de los compromisos de gasto y las persistentes bajas tasas de crecimiento plantean riesgos para la trayectoria de la deuda. Incluso si la carga de la deuda siga siendo baja, la asequibilidad de la deuda (pagos de intereses como porcentaje de ingresos tributarios) puede ser un problema cuando un país no crece. No obstante, creemos que estos riesgos no son inmediatos y que las cuentas fiscales son relativamente sanas en comparación con los países latinoamericanos y emergentes.


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